
A tal extremo llegó su pobreza que cierto día decidió vender su hacha para dar de comer a su familia, pero comprendió tarde que sin su hacha dejarían de comer el resto de los días. Había hipotecado su vida por un día de felicidad.
A veces somos poco previsores.
A veces la necesidad apremia tanto que compramos momentos a precios muy caros.
ResponderEliminarBesos
¿Merece la pena?
ResponderEliminarNo, claro que no
ResponderEliminarOtra cosa no pero previsor lo soy.
ResponderEliminarCreo que demasiado lo que a veces te impide disfrutar del día a día.
Besos.
Bienvenido, Toro Salvaje. Vuelve cuando quieras.
ResponderEliminarPienso que debemos ser privisores, lo dificil es serlo en su justa medida, como tantas cosas...
Besitos