
Sofía despierta,
se mira, se arregla
y baja hasta el prado,
recoge las vacas
por si están dispersas
despacio, despacio
porque es muy lenta,
con pasitos cortos
se acerca, se aleja
-Sofía es muy lenta
porque ya está vieja-
mira a las vacas,
les habla en la oreja
les cuenta secretos,
secretos pequeños
de pequeña aldea.
Y mientras les habla
las vacas se dejan
que ordeñe sus ubres,
se quedan muy quietas,
curiosas las vacas
de chismes de viejas.
A la anochecida,
suben a la aldea.
No me extraña que se dejen ordeñar. Sofía les demuestra su cariño y agradecimiento y, además, las historias de las viejas de aldea son siempre interesantes.
ResponderEliminarBesitos
MUY BONITO CUENTO, SIN DUDA TODO SALE MEJOR CUANDO HAY CARIÑO DE POR MEDO UN ABRAZO
ResponderEliminarERA DE POR MEDIO PERDON ME COMI LA I Y ESO QUE HAMBRE NO TENGO, UN ABRAZO
ResponderEliminar* Alís: Esas historias están llenas de un halo de misterio. Interesantes, sí, interesantes...
ResponderEliminarBesitos.
* Ariadna: Gracias. El amor lo transforma todo, no es un tópico.
Pero, chiquilla, si se entendía perfectamente...! jeje.
Besitos.
Quien fuera vaca para escuchar esas historias... No es por nada, pero me encantan "los chismes de vieja" jejeje...
ResponderEliminarUn abrazo bien estrujaooo
pero eso sí, con todo mi cariño
Mi querida amiga vaca-cotilla, algún día te contaré una. Ya voy pa' vieja y conozco algunas. XD
ResponderEliminarMil besos con todo mi cariño también para ti.